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En 1492, el cardenal Cisneros ordenó la quema de libros en la Granada recién conquistada. Desde el siglo XV, las actividades de la Inquisición española perfeccionaron los ataques contra el pensamiento. Quemaron a hombres y mujeres, a veces con sus propios libros como leña. Destruyeron miles de ejemplares de textos científicos y todo lo que les sonara a disidencia. |
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Deseoso de construir un imperio, Napoleón quiso hacer de París la capital cultural y artística. El museo del Louvre alberga el mayor botín de guerra de todos los tiempos. Napoleón ordenó masivas confiscaciones de arte en todas las naciones que atravesó. Entre éstas, Italia fue una de sus mayores víctimas. El saqueo de las tropas napoleónicas llevó a París obras de Botticelli, Leonardo, Tintoretto, Veronese, Correggio, Miguelángel o Rafael. Y siguen allí. Igual que todavía se alza en la plaza de la Concordia el Obelisco de Luxor, un souvenir que trajo a su amada Josefina de su campaña en Egipto. |
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Durante la ocupación turca de Grecia, a cambio de algunos favores políticos, el embajador inglés obtuvo el permiso del sultán para llevarse piezas del Partenón. Estatuas, metopas, cariátides, algunas piezas fueron partidas por la mitad para ser transportadas. En enero de 1804, llegaron a Londres las primeras cajas con los mármoles del Partenón. Hoy todavía siguen en el Museo Británico, a pesar de las campañas para devolverlas a Grecia. |
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Dicen que para conocer Egipto hay que visitar el Museo Británico. La fascinación que en Occidente siempre han despertado las culturas antiguas ha alentado numerosas campañas arqueológicas y el expolio posterior. Como las excavaciones que a lo largo de los siglos XIX y XX los ingleses llevaron a cabo en las tumbas de Egipto. |
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El hambre, la incultura, leyes poco restrictivas, políticos que hicieron la vista gorda y un sector de la Iglesia que malvendió su patrimonio fueron las causas de la dispersión del románico catalán por museos y colecciones privadas, especialmente de Estados Unidos. |
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Este es el claustro de Sant Miquel de Cuixà, una joia del románico catalán. Pero estamos en Nueva York, en el Museo del Cloister. El claustro fue comprado en 1906 por un escultor norteamericano y trasladado pieza por pieza. En este museo también están los sepulcros de los condes de Urgel, que en 1906 fueron vendidos por 15 mil pesetas. Del sepulcro de Fernando de Antequera, del monasterio de Poblet, hay pedazos en el Louvre, en Chicago y en Nueva York. |
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EL CLAUSTRO DEL MONASTERIO DE CUIXÀ FUE COMPRADO POR UN ESCULTOR NORTEAMERICANO Y TRASLADADO PIEZA A PIEZA EN 1906 |
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